Clasificación de los suelos.
Suelos.
El suelo está compuesto por minerales, materia
orgánica, diminutos organismos vegetales y animales, aire y agua. Es una capa
delgada que se ha formado muy lentamente, a través de los siglos, con la
desintegración de las rocas superficiales por la acción del agua, los cambios
de temperatura y el viento. Las plantas y animales que crecen y mueren dentro y
sobre el suelo son descompuestos por los microorganismos, transformados en
materia orgánica y mezclados con el suelo (suelo, s.f.)
Clasificación de los suelos.
El suelo se clasifica según su textura: fina o gruesa, y por su estructura:
floculada, agregada o dispersa, lo que define su porosidad que permite una
mayor o menor circulación del agua, y por lo tanto la existencia de vegetales
que necesitan concentraciones más o menos elevadas de agua o de gases
El suelo también se
puede clasificar por sus características químicas, por su poder de absorción de
coloides y por su grado de acidez (pH), que permite la existencia de una
vegetación más o menos necesitada de ciertos compuestos.
Los suelos no evolucionados son suelos brutos, muy próximos a la roca madre y
apenas tienen aporte de materia orgánica. Son resultado de fenómenos erosivos o
de la acumulación reciente de aportes aluviales. De este tipo son los suelos
polares y los desiertos, tanto de roca como de arena, así como las playas.
Los suelos poco evolucionados dependen en gran medida de la naturaleza de la roca
madre. Existen tres tipos básicos: ránker, rendzina y los suelos de estepa. Los
suelos ránker son más o menos ácidos, como los suelos de tundra y los alpinos.
Los suelos rendzina se forman sobre una roca madre carbonatada, como la caliza,
suelen ser fruto de la erosión y son suelos básicos. Los suelos de estepa se
desarrollan en climas continentales
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