Nivelación del terreno
Nivelación del terreno
Para eliminar la suela de arado, favoreciendo la
infiltración del agua (drenaje y reserva de agua) y mejorar los intercambios
gaseosos (el paso del oxígeno a la zona radicular) se debe realizar una preparación
del terreno profunda. Para ello, el apero más recomendable son los
arados con vertederas de áncoras rectas o las curvas por el lateral.
Por el contrario, una preparación superficial
del terreno permite afinarlo, nivelarlo y controlar las malas hierbas.
Con las máquinas accionadas a través de la toma de fuerza del tractor, se
realiza bien este tipo de trabajo.
Únicamente es aconsejable la preparación del
terreno de forma superficial cuando no hay problemas de compactación profunda.
Esta compactación del terreno suele darse cuando hay una rápida sucesión de cultivos
o al realizar cultivos intercalados, si la capacidad de drenaje es suficiente.
Así, se reduce el tiempo entre la cosecha y la implantación del nuevo cultivo.
Los suelos con buen contenido de humus, los suelos arenosos, y los suelos
bien estructurados, se prestan a realizar esta práctica.
Los trabajos que se realizan en superficie son los
siguientes:
1. Descompactar la capa más afectada
por las raíces.
2. Homogeneizar la capa más
superficial del suelo.
3. Mezclar en la primera capa los
residuos con el fin de facilitar la siembra o trasplante.
4. Descomposición del residuo.
5. Nivelar el terreno.
6. Controlar las malas hierbas.
En el caso de ser necesaria una preparación
profunda del tereno, debe realizarse con aperos que no
revuelvan el suelo, ya que puede causar problemas.
Utilizando arado de vertedera para labrar en
profundidad, se provoca una pérdida de fertilidad en el terreno. Por un lado,
se produce una mezcla de los residuos de cultivo en un volumen de tierra
demasiado alto, por lo que baja el porcentaje de materia orgánica que se aporta
y se conforma un terreno excesivamente blando (desestructurado). Además,
disminuye las reservas hídricas del terreno al quedar expuesta más superficie
de tierra al aire. Al cambiar la posición en que se encuentran bacterias,
hongos y organismos del terreno, altera el gradiente microbiológico y parte de
la materia orgánica queda situada a profundidades donde el ambiente reductor
impide la formación de humus.
Si es necesaria la preparación del terreno
profunda, deben utilizarse aperos y áncoras que no revuelvan el suelo. Así
se garantizan los mismos efectos positivos del arado, pero se evitan los
negativos. Además, estos aperos son más eficaces a la hora de favorecer el
drenaje profundo, y a igualdad de profundidad, requieren menos esfuerzo de
tracción.
Las labores con áncoras deben combinarse con otras
operaciones de preparación superficial del terreno en algunos casos:
- Cuando
el residuo del cultivo anterior perjudica las labores siguientes como los
tratamientos o la cosecha.
- Cuando
es necesario enterrar el residuo para mantener baja la carga patógena en
la superficie, a falta de rotaciones de cultivo.
- Cuando
en un cultivo biológico es necesario reducir el número de semillas de
malas hierbas presentes en la superficie.
El arado, la escarificadora o la enterradora (de
piedra) son los aperos a utilizar. El volteo de terreno o enterramiento
del residuo, debe ser superficial (entre 20 y 30 cm de profundidad).
Comentarios
Publicar un comentario